DXm60

by Día X menos 60

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about

Grabado y mezclado por Día X menos 60.
Masterizado por Roberto Mallo (robertomallo.com).

Marina Mandarina: teclado, xilófono, coros.
Michael A. Travis: guitarra, bajo, coros.
Llosef von Doom: antivoz, theremin, Korg Monotron Delay.

Todas las canciones compuestas por Día X menos 60, con una pequeña ayuda de Jules Verne en Nautilus.

Dedicado a Valeri Briúsov y Jules Verne.

Diseño de portada: Merlon Fisis.

credits

released 27 November 2014

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Track Name: La República de la Cruz del Sur
se ha desatado el infierno
apocalipsis sin parangón
enfermedad que se propaga
pesadilla en nuestro interior
la voluntad ya no obedece
campa libre en su destrucción
el mal se extiende a todas partes
sólo escucho gritos de terror

en la República de la Cruz del Sur
en la República de la Cruz del Sur
en la República de la Cruz del Sur

la capital ya ha caído
aislada en su indefensión
psicópatas llenan sus calles
ayer eran como tú y yo
el fin del mundo se ha proclamado
el cielo pierde todo su color
el mal se extiende a todas partes
sólo escucho gritos de terror

en la República de la Cruz del Sur
en la República de la Cruz del Sur
en la República de la Cruz del Sur
Track Name: Nautilus
El accidente había ocurrido hacia las cinco de la mañana, cuando comenzaba a despuntar el día. Los oficiales de guardia se precipitaron hacia popa y escrutaron el mar con la mayor atención, sin ver otra cosa que un fuerte remolino a unos tres cables de distancia del barco. Se tomaron con exactitud las coordenadas del lugar y el Moravian continuó su rumbo sin averías aparentes. Al examinar el buque en el dique carenero se observó que una parte de la quilla había quedado destrozada.

lucha a muerte
en el fondo del mar
entre un pulpo
y un calamar

La duda ya no era posible. El animal, el monstruo, el fenómeno natural que había intrigado al mundo científico de todo el orbe, y excitado y extraviado la imaginación de los marinos de ambos hemisferios, era un fenómeno aún más asombroso, un fenómeno creado por la mano del hombre. Nos hallábamos tendidos sobre la superficie de una especie de barco submarino cuya forma, hasta donde podía juzgar por lo que de ella veía, era la de un enorme pez de acero.

lucha a muerte
en el fondo del mar
entre un pulpo
y un calamar

El gran monstruo de metal bruñido refulgía abriendo una brecha de fuego en las tinieblas abisales. En su interior todo estaba oscuro. El piso tapizado de aquel calabozo amortiguaba el ruido de los pasos. Los muros desnudos no ofrecían indicios de puertas o ventanas. ¡Móvil en el elemento móvil! Esta divisa se aplicaba con exactitud a este aparato submarino, nuestra prisión.

lucha a muerte
en el fondo del mar
entre un pulpo
y un calamar